745 españoles fugados: insoportable para franceses y alemanes
Desde el inicio de la ocupación, los obreros españoles ensayaron diversas formas de evasión: desapariciones durante los traslados, huidas nocturnas, provocar brechas en la vigilancia, complicidades locales o simples actos desesperados
HISTORIA40 HOMBRES - 8 CABALLOS
9/8/20263 min read


A partir de 1940, miles de refugiados fueron absorbidos por la Organización Todt, el gigantesco aparato de ingeniería militar del Tercer Reich, responsable de la construcción de la base submarina de Bacalan, entre otras, y de las fortificaciones del litoral atlántico.
Los españoles, reclutados en los campos de refugiados o en los centros de trabajo del Suroeste francés, fueron distribuidos en distintos emplazamientos: la Caserna Niel, el campamento de Saint-Médard, los talleres del puerto y los chantiers de la Todt. Allí trabajaban bajo una disciplina férrea, jornadas extenuantes y un régimen de vigilancia que combinaba la autoridad alemana con la administración colaboracionista de Vichy.
Un fenómeno persistente que los ocupantes no podían comprender
Bajo la mentalidad del ocupante, contar con un trabajo y un salario era lo más importante que un español podía tener en Francia. ¿Por qué se iban a fugar los españoles si los alemanes les ofrecían estabilidad y seguridad?
Desde el inicio de la ocupación, los obreros españoles ensayaron formas diversas de evasión: desapariciones durante los traslados, huidas nocturnas, aprovechamiento de brechas en la vigilancia, complicidades locales o simples actos de desesperación. Era un goteo constante, casi cotidiano, que las autoridades toleraban en parte por la dificultad de controlarlo y en parte por la percepción inicial de que los españoles no constituían una amenaza política organizada.
En cualquier caso, los fugados acabarían trabajando en muchos casos para los alemanes, aunque fuera con papeles falsos y como trabajadores libres.
Pero a comienzos de 1942, ese goteo adquirió una escala insoportable. La acumulación de fugas alcanzó un volumen tal que la maquinaria de trabajo forzado empezó a mostrar signos de fatiga.
El documento que revela la crisis
Un informe de la Prefectura de la Gironda, fechado en Burdeos el 23 de enero de 1942, marca el punto de inflexión. El texto recoge una orden directa del Comandante Ernst, de la Feldkommandantur, alarmado por una cifra que desbordaba cualquier precedente:
745 obreros españoles habían abandonado sus puestos y alojamientos desde hacía meses, en un tiempo que el redactor del documento prefiere no determinar.
El documento, redactado con la frialdad administrativa propia de la época, permite reconstruir la magnitud del problema y las medidas improvisadas para contenerlo:
Se dicta orden de captura inmediata. Se movilizó a la policía francesa y a los servicios de seguridad alemanes para localizar a los huidos dispersos por la región.
Se reconoce que los centros de internamiento están saturados y se propone que los recapturados debían ser enviados al campamento de Mérignac, pero la cifra de fugas superó su capacidad. La solución improvisada fue habilitar el Hôtel des Émigrants, en el muelle de Bacalan, como espacio de internamiento provisional.
Especula con que los españoles pueden tener la frontera como horizonte. El informe reconoce que cerca de un centenar de españoles había logrado ya cruzar los Pirineos y regresar a España, burlando la vigilancia alemana y la colaboración francesa.
Ingenio frente al hormigón y la disciplina militar
La fuga se convirtió en una forma de resistencia individual y colectiva. Los obreros españoles, sometidos a un régimen de explotación extrema, desarrollaron estrategias de evasión que combinaban audacia y una red de apoyos discretos. Las obras de la base submarina, los movimientos de materiales, los cambios de turno y las zonas menos vigiladas ofrecían oportunidades que muchos aprovecharon.
En una de estas fascinantes fugas tomaron partido Luis Gómez Castaño y Daniel Dorronsoro Ortiz, que en la novela 40 hombres — 8 caballos muestran los escenarios del trabajo forzado, el mal trato recibido, los anhelos, las estrategias de fuga y las redes de evasión.
Para quienes eran capturados, el destino sería duro: interrogatorios por parte de las autoridades alemanas y reingreso bajo vigilancia reforzada en la Caserna Niel.
El informe de enero de 1942 certifica que el sistema de trabajo forzado en la Gironda había alcanzado su límite. La Todt, pese a su poder y su estructura militarizada, no podía retener por la fuerza a unos trabajadores que, agotados por el hormigón, el frío y la disciplina, estaban dispuestos a arriesgarlo todo por escapar.





















