El grupo “14 Avril”: crónica de la resistencia nacida del exilio
14 de abril: memoria republicana en los bosques de Francia
PUBLICACIONES
Ginés García Gómez
4/12/20263 min read


La primavera de 1944 llegó cargada de señales. En los pueblos del oeste francés, los carteles de Vichy seguían prometiendo orden y castigo, pero en los márgenes —en los caminos de tierra, en los pajares, en los bosques— algo se estaba moviendo. Los rumores del desembarco aliado se mezclaban con el cansancio y la esperanza. Y entre los hombres que esperaban, vigilaban y conspiraban estaban los republicanos españoles.
Muchos habían pasado por los campos de internamiento de Argelès, Barcarès o Gurs. Otros trabajaban en las Compañías de Trabajadores Extranjeros, construyendo carreteras para el enemigo. Pero en el campo de retención administrativa de Rouillé, la espera se convirtió en organización clandestina.
Allí, Tomás Urbiztondo Barber, maestro y delineante valenciano, reunió a un pequeño grupo de internos con una idea fija: escapar y volver a luchar. El contacto con la Resistencia exterior —a través del comandante Christian y bajo la coordinación del coronel Ledoux— permitió preparar la evasión. El 10 de junio de 1944, el plan se ejecutó. Decenas de hombres cruzaron el perímetro del campo y se internaron en el bosque. Aquel grupo, reforzado por combatientes franceses, adoptó un nombre que era toda una declaración: “14 Avril”, en homenaje al día en que se proclamó la República española.
La vida en el maquis: disciplina, hambre y convicción
Los documentos de la época —mecanografiados, con tinta irregular, a veces anotados a mano— describen la vida de aquellos días con una mezcla de crudeza y lucidez:
“Se battre, une habitude, bientôt une nécessité… La mort devient familière.”
Combatir se había convertido en una costumbre. Dormir era un lujo. La comida, un recuerdo. La disciplina, una necesidad.
Los hombres se movían entre los bosques de Saint‑Sauvant, Lusignan y Couhé, cambiando de refugio cada noche, con el fusil siempre al alcance de la mano. Las órdenes llegaban por mensajeros o por señales de radio. Las armas, cuando llegaban, eran pocas y viejas. Pero la convicción era firme: impedir que los alemanes reforzaran el frente de Normandía.
El grupo era una pequeña internacional antifascista: españoles, franceses, italianos, armenios, portugueses, belgas. En la cúspide, Marcel Papineau (“capitán Bernard”) y Tomás Urbiztondo coordinaban las operaciones. A su alrededor, combatientes experimentados —Luis Gómez Castaño, Manuel Murcia, Ernest Lacasa, Gaston Macià— dirigían pequeñas unidades. Y en la base, hombres como Juan Bautista Queralt, Antonio Serra, Rafael Massa o Vicent Rosell sostenían el peso físico de la lucha.
La ofensiva de junio: golpes rápidos, tensión creciente
A partir del 10 de junio, el maquis “14 Avril” intensificó sus acciones. Los documentos de la época describen una sucesión de operaciones rápidas, audaces y peligrosas:
13 de junio: ataque a un convoy alemán en la carretera de Poitiers a Niort.
15 de junio: emboscada fallida, con bajas.
Días siguientes: sabotajes, cortes de líneas, hostigamiento constante.
No eran grandes operaciones —no podían serlo—, pero sí golpes precisos que obligaban al enemigo a dispersar fuerzas y a vigilar cada cruce, cada camino, cada bosque.
En esos días, el maquis esperaba un lanzamiento de armas prometido desde Londres. Las noches se llenaban de motores lejanos, de señales luminosas, de rumores. Pero el bosque de Saint‑Sauvant era demasiado plano, demasiado abierto, demasiado fácil de rodear. Aun así, el grupo debía mantenerse allí, confiando en que el envío llegaría a tiempo.
La tensión crecía. Los movimientos alemanes aumentaban. Los milicianos colaboracionistas patrullaban los pueblos cercanos. Los campesinos advertían de que algo grande se preparaba. Pero el maquis seguía en su puesto.