La Academia para Oficiales de Carabineros de Orihuela

La ciudad entera se reorganizó para acoger a miles de hombres que llegaban desde todos los rincones del país. Orihuela, sin proponérselo, se convirtió en un gran cuartel.

HISTORIA

Ginés García Gómez

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Diploma de Oficial de Carabinero de Luis Gómez Castaño
Diploma de Oficial de Carabinero de Luis Gómez Castaño

En 1935, Orihuela era una ciudad de campanas, procesiones y claustros. Cada esquina tenía un convento, un colegio religioso o una casa vinculada a la Iglesia. Ese paisaje, tan arraigado en la vida local, se transformó en 1936 en una ventaja estratégica para la República: decenas de edificios sólidos, amplios y vacíos podían convertirse en cuarteles, dormitorios, aulas y centros de instrucción sin necesidad de levantar una sola pared nueva.

En pocos meses, el Seminario de San Miguel, las Salesas, la Trinidad, el Colegio de Jesús-María, el Patronato de la Joven Cristiana y el antiguo Colegio Santo Domingo pasaron a ser espacios militares. La ciudad se reorganizó para acoger a miles de hombres llegados desde todos los rincones del país. Orihuela se convirtió en un gran centro de formación e instrucción militar.

En ese escenario nació la Academia para Oficiales de Carabineros, instalada en el edificio del Instituto de Segunda Enseñanza, bajo la dirección del teniente coronel Alfredo Martínez Baños y con Enrique Domingo al frente de los estudios. Era una institución propia del Cuerpo, diseñada para formar a los futuros tenientes que debían dirigir tanto las unidades de frontera como las nuevas brigadas mixtas de carabineros, creadas en paralelo a las del Ejército Popular.

La presencia de la Academia en Orihuela está respaldada por documentos de 1937 y 1938. La prensa republicana, las actas municipales, los boletines del Cuerpo de Carabineros y las publicaciones militares permiten reconstruir su existencia con claridad. La historia aparece nítida cuando se vuelve a las fuentes de su tiempo.

Un edificio excepcional para un momento de reorganización militar

El Colegio Santo Domingo ofrecía espacio, estructura y ubicación para acoger instituciones de formación militar. En 1937 se convirtió en sede de la Escuela Popular de Guerra nº 3 y de la Academia de Oficiales de Carabineros. El diario Frente Rojo (Valencia), en su edición del 18 de julio de 1937, informó:

“La ciudad de Orihuela, por su situación estratégica y por la amplitud de sus instalaciones educativas, ha sido designada para acoger dependencias de instrucción de Carabineros y de la Escuela Popular de Guerra.”

Las actas del Ayuntamiento de Orihuela de junio y julio de 1937 muestran el papel activo de la corporación local. El acta del 8 de junio de 1937 recoge:

“Se acuerda dirigirse al Excmo. Sr. Ministro de Hacienda para ofrecer el edificio del Colegio de Santo Domingo como sede de la Academia de Carabineros.”

El Ayuntamiento gestionó el traslado del Instituto de Segunda Enseñanza y de la guardería infantil para liberar el edificio. La instalación de la Academia fue una decisión coordinada entre el municipio y el Gobierno republicano.

La Gaceta de la República del 14 de marzo de 1937 estableció las bases para la creación de academias de oficiales del Cuerpo de Carabineros:

“Los carabineros que aspiren al empleo de teniente deberán acreditar servicios en el frente y superar las pruebas que se determinen en las Academias habilitadas al efecto.”

El Gobierno republicano impulsó un sistema de promoción interna para un cuerpo que necesitaba mandos formados con rapidez y disciplina. Los alumnos se formaban primero como carabineros. Su participación en la guerra, especialmente en las brigadas de Carabineros, generaba ascensos por méritos de campaña. La Academia consolidaba esos ascensos y otorgaba el empleo de oficial.

Una Academia que funcionaba con un ritmo frenético

Tras superar las pruebas de selección, llegaban a Orihuela jóvenes de todo el país, con predominio de aspirantes de Alicante, Murcia y Albacete, muchos de ellos procedentes de la Vega Baja y la huerta murciana.

Los cursos eran breves e intensos. Combinaban instrucción militar, topografía, servicio de campaña y legislación fiscal. La guerra avanzaba sin pausa, y los despachos de teniente se entregaban casi al mismo tiempo que los alumnos hacían las maletas para volver al frente. Entre 1937 y 1939 salieron siete promociones, la última interrumpida por el final de la guerra.

Mientras tanto, en otros edificios de la ciudad se organizaban y equipaban unidades enteras. La 65ª Brigada Mixta de Carabineros se formó en Orihuela, con batallones procedentes de Campo de Criptana, Madrid o Valencia. Durante semanas, las calles vieron maniobras, marchas, ejercicios tácticos y columnas de hombres que se preparaban para regresar a la línea de fuego.

Entre ellos estuvo Luis Gómez Castaño, primero en la escuela y después en la Academia, carabinero en la 3ª Brigada Mixta. Su paso por Orihuela a principios y a finales de 1937 forma parte de esa historia colectiva: jóvenes que habían combatido en Madrid, Guadalajara o Andalucía y que, tras unos días de instrucción, volvían a la guerra o ingresaban en la Academia para asumir responsabilidades de mando.

Su ficha de filiación, firmada en Orihuela, es una pieza más de un mosaico mayor: miles de carabineros que pasaron por la ciudad, miles de historias que se cruzaron en los claustros del Seminario, en los patios de Santo Domingo o en las aulas improvisadas donde se enseñaba a leer mapas, dirigir una sección o aplicar las ordenanzas de aduanas en plena guerra.

La Academia para Oficiales de Carabineros fue una institución breve, apenas dos años, y decisiva. Representa un momento en el que la República buscó sostenerse con formación, estructura y disciplina. Representa también la transformación de una ciudad profundamente religiosa en un espacio militar que acogió, instruyó y despidió a miles de hombres camino del frente.

Hoy cuesta imaginar el bullicio de aquellos meses: las botas en los claustros, las órdenes en los pasillos, la banda de música ensayando en el patio, los jóvenes repasando topografía antes de un examen que podía decidir su destino. La memoria permanece en los documentos, en los nombres y en las historias que aún podemos reconstruir.

NOTA: Si quieres ampliar información sobre Orihuela durante la Guerra Civil, te recomiendo el extraordinario trabajo de Agustín Castaño Martínez y Ricardo Castaño Martínez, Orihuela durante la Guerra Civil Española.

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