La Federación Universitaria Escolar (FUE): la memoria estudiantil que sigue viva
La FUE defendió la modernización de la enseñanza y la democratización de la cultura. La Associació d’Amics de la FUE mantiene ese espíritu en su práctica cotidiana: escuchar, recordar, discutir, investigar y compartir.
HISTORIA
Ginés García Gómez
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La Federación Universitaria Escolar surgió en 1926/1927, en plena dictadura de Primo de Rivera, cuando un grupo de estudiantes decidió que la universidad debía dejar de ser un espacio cerrado y jerárquico. Frente a la Asociación de Estudiantes Católicos (AEC), que defendía una universidad confesional y alineada con el orden tradicional, la FUE representó una alternativa laica, moderna y profundamente renovadora. Su objetivo era claro: abrir la universidad al mundo, democratizar la cultura y convertir la educación en una herramienta de transformación real.
Ese impulso pronto adquirió una dimensión nacional. La Unión Federal de Estudiantes Hispanos (UFEH) actuó como estructura coordinadora de todas las asociaciones locales de la FUE, articulando sus reivindicaciones y dando forma a un movimiento estudiantil que, desde las aulas, defendía la modernización universitaria y la cultura popular. Bajo su paraguas, la FUE consolidó su carácter de sindicato estudiantil y, con el tiempo, asumió una defensa abierta de la República frente al avance del fascismo.
Ese espíritu se manifestó en iniciativas que hoy sorprenden por su audacia. La FUE impulsó colonias escolares, universidades populares, misiones pedagógicas, teatro ambulante y bibliotecas itinerantes. En València, el grupo creó El Búho, el proyecto teatral universitario de la FUE valenciana, dirigido por Max Aub a partir de 1932. Su misión era llevar teatro clásico a pueblos donde jamás se había visto una representación. Era una forma de democratizar la cultura, de llevarla a quienes nunca habían tenido acceso a ella.
Una organización que atraviesa generaciones
En 2001, durante el acto de entrega de la Medalla conmemorativa de la Universitat de València a la Federación Universitaria Escolar, Alejandra Soler, una de las últimas militantes vivas de la FUE histórica, pronunció el discurso de aceptación. Tenía entonces 88 años y una lucidez que impresionaba. En ese Discurso de aceptación de la Medalla de la Universitat de València a la FUE, pronunciado el 31 de octubre de 2001, definió la federación con una frase que hoy es casi un lema:
“La FUE ha sido mucho más que una organización de estudiantes, ha sido un talante.”
(Alejandra Soler, 31 de octubre de 2001)
Ese talante se convirtió en una manera de estar en el mundo: una mezcla de compromiso, inquietud intelectual y voluntad de modernización que, con la llegada de la Segunda República, encontró su momento álgido.
La FUE en la República: una universidad que quiso ser moderna
Entre 1931 y 1939, la FUE vivió su etapa más intensa. La República abrió espacios que la organización llevaba años reclamando: coeducación, dignificación de la enseñanza superior, acceso social a la universidad, voto femenino, divorcio. La FUE no solo acompañó esos cambios: los impulsó.
En el acto de 2001, el Rector Pedro Ruiz Torres recordó que aquellos estudiantes depositaron sus esperanzas en una universidad laica, progresista, defensora de la igualdad y renovada en sus métodos de enseñanza. Su discurso era una forma de reconocer que muchas de las ideas que la FUE defendió siguen presentes en la universidad contemporánea.
La organización se convirtió en un motor cultural y pedagógico. Impulsó conferencias, actividades deportivas, debates públicos y colaboró con la Universidad Popular, llevando conocimiento a quienes nunca habían tenido acceso a él. Sus publicaciones —especialmente la revista FUE— reflejan esa efervescencia: artículos sobre educación, política universitaria, literatura, ciencia, feminismo y modernización pedagógica escritos por estudiantes que querían una universidad capaz de dialogar con su tiempo.
La FUE también defendió la democracia hasta sus últimas consecuencias. Durante la dictadura de Primo de Rivera, sus miembros fueron detenidos, expedientados y confinados. Durante la República, se enfrentaron a movimientos reaccionarios que intentaban frenar las reformas. Y cuando estalló la Guerra Civil, muchos se integraron en las milicias de la cultura, llevando clases a los analfabetos incluso en primera línea del frente.
Manuel Tuñón de Lara: de la militancia estudiantil a la memoria del exilio
Entre las figuras que permiten entender la dimensión nacional de la FUE, destaca Manuel Tuñón de Lara. Fue uno de los dirigentes estudiantiles más relevantes de la federación en la etapa republicana; las fuentes lo citan como presidente de la FUE y como figura central del movimiento estudiantil antifascista.
Tras la derrota de la República fue internado en los campos de concentración de Los Almendros y Albatera. En 1946 logró exiliarse a Francia y se instaló en Pau. Allí se convirtió en uno de los grandes historiadores de referencia sobre la Segunda República, la Guerra Civil y el franquismo. Desde la Universidad de Pau organizó los Coloquios de Historia Contemporánea de España, que funcionaron como un espacio de encuentro entre historiadores del exilio y del interior.
Su trayectoria enlaza directamente la experiencia de la FUE con la reconstrucción de la memoria democrática en la historiografía.
Alejandra Soler: la voz de una generación
Alejandra Soler fue una militante destacada de la FUE y una de las primeras mujeres con presencia política visible en la vida universitaria republicana. Tras la caída de la República cruzó la frontera en 1939, pasó por campos de concentración franceses y acabó en la Unión Soviética, donde trabajó con los niños de la guerra y sobrevivió al asedio de Stalingrado.
Su vida es una síntesis extrema de la trayectoria de muchos estudiantes republicanos: universidad, guerra, exilio, resistencia y supervivencia. Cuando en 2001 la Universitat concedió la Medalla a la FUE, fue ella quien tomó la palabra en el Paraninfo. Su discurso fue la reivindicación de una forma de entender la universidad y la política estudiantil que había marcado a toda una generación.
Juan Marín: de las aulas a la resistencia
Entre los nombres que enlazan directamente la FUE con la novela 40 hombres – 8 caballos, destaca Juan Marín. Se afilió a la FUE con catorce años y, en 1936, se incorporó a las Juventudes Socialistas Unificadas. Se alistó como voluntario para defender la República y participó en la ofensiva de Teruel. En el frente de Catalunya fue habilitado como jefe de la Compañía de Transmisiones de la III Brigada de Guardias de Asalto.
Tras la retirada de 1939 pasó por los campos de Vernet d’Ariège y Septfonds. Salió del campo aceptando trabajar en la agricultura en Milly, en el departamento de Yonne. Más tarde se trasladó a París, donde se integró en redes de refugiados y en la resistencia. Fue detenido en 1942 y procesado en el llamado Gran Proceso de los Españoles. Pasó por la prisión de La Santé y por el campo urbano de concentración de Tourelles. Fue uno de los pocos que logró regresar a España, donde fue internado en Fuenterrabía y en varias cárceles franquistas: Burgos, Porlier, Albacete, la Modelo, Castelló, hasta su liberación definitiva.
Una vez liberado, nunca cesó en su actividad. Participó en actos, homenajes y espacios de memoria, convirtiéndose en testigo activo de su generación. Su trayectoria resume el paso de las aulas a la guerra, del exilio a la resistencia y de la represión a la persistencia militante.
Redes sanitarias y el papel de las compañías de Trabajadores Extranjeros CTE
Muchos estudiantes de Medicina y jóvenes médicos que habían militado en la FUE se integraron, tras 1939, en el exilio francés como sanitarios del maquis y en hospitales clandestinos. Para poder actuar sin ser detenidos, se camuflaron dentro de las Compañías de Trabajadores Extranjeros (CTE/GTE), unidades laborales creadas por el Estado francés para gestionar a los refugiados españoles.
Bajo esa cobertura, los antiguos estudiantes de la FUE atendieron heridos, organizaron evacuaciones, mantuvieron puestos de socorro y sostuvieron la infraestructura médica de la resistencia en regiones como Toulouse, Burdeos, Foix y los Pirineos. Su labor fue decisiva para mantener viva la conexión entre universidad, ciencia y compromiso político.
En la Francia liberada, antiguos militantes de la FUE participaron en redes culturales y estudiantiles del exilio, manteniendo viva la tradición de una universidad democrática y conectando con las primeras protestas universitarias dentro de España. Más que una estructura formal, constituyeron una continuidad de talante y de prácticas: el mismo impulso que había llevado a la FUE a crear colonias escolares, universidades populares y teatro ambulante se transformó en coloquios, boletines, encuentros y redes de solidaridad.
La Associació d’Amics de la FUE: continuidad de una identidad
La Associació d’Amics de la FUE de Valencia mantiene vivo el legado de la Federación Universitaria Escolar y reconstruye, pieza a pieza, el mosaico que la guerra y la dictadura fragmentaron. Su trabajo combina archivo e historia oral: recuperan testimonios, fotografías, cuadernos, insignias y cartas que permiten reconstruir la vida de aquellos estudiantes que defendieron una universidad laica, igualitaria y abierta a la sociedad.
Gracias a la asociación conocemos mejor el impacto cultural de la FUE en la ciudad de Valencia y en el resto del país, su papel en la renovación pedagógica, su presencia en el deporte universitario y su colaboración con la Universidad Popular. La memoria no se conserva sola: se sostiene en quienes la escuchan, la contrastan y la transmiten. En sus reuniones se han cruzado las voces de quienes vivieron la FUE en los años treinta con las de aquellos hijos y nietos que crecieron con esa influencia en casa. La conversación es el método y la continuidad generacional, el resultado.
La UFEH, la Unión Federal de Estudiantes Hispanos, forma parte de esa memoria compartida. Fue la estructura nacional que coordinó a todas las FUE locales y articuló las reivindicaciones estudiantiles en la República. Algunos miembros de la asociación conservan documentación familiar vinculada a la UFEH, hoy depositada en la Universitat de València y en proceso de inventariado. Ese archivo es uno de los pilares del trabajo del colectivo y una fuente esencial para comprender la dimensión nacional del movimiento estudiantil republicano.
La asociación organiza charlas, impulsa investigaciones y acompaña la difusión pública de la memoria de la FUE. Tienen la férrea voluntad de abrir la historia al presente y de recordar que la memoria democrática necesita espacios donde pueda transmitirse sin miedo a desaparecer.
La FUE defendió la modernización de la enseñanza y la democratización de la cultura. La Associació d’Amics de la FUE mantiene ese espíritu como una práctica cotidiana: escuchar, recordar, discutir, investigar y compartir. Esa continuidad permite que la memoria de la FUE siga siendo un referente vivo, una forma de entender la universidad y la ciudadanía desde el compromiso.





















