Murcia rota: cuatro vidas truncadas por el golpe militar del 17 de julio de 1936

El golpe militar quebró la legalidad republicana y rompió un país entero. Rompió familias, proyectos, estudios, oficios, amistades, horizontes.

HISTORIA

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murcianos tras el golpe de estado de 1936
murcianos tras el golpe de estado de 1936

El golpe militar del 17 de julio de 1936 rompió la vida de millones de personas que no querían una guerra y que, sin embargo, fueron arrastradas a ella como quien es empujado por una ola gigantesca y destructiva.

Murcia fue retaguardia republicana hasta el final, pero eso no la libró del daño: la región sufrió una represión tan intensa en la dictadura que murieron más murcianos después de la guerra que durante ella. La violencia franquista se cebó en pueblos y pedanías donde la vida era humilde y previsible, donde la guerra no había llegado, pero la dictadura sí.

En ese paisaje quebrado se inscriben las historias de Ricardo Rojas Gil, Sebastián Abarca Pérez, Luis Gómez Castaño y José Gómez Castaño y lo que quedaba de sus familias, cuatro historias que ejemplifican con nombres y apellidos lo que sucedió. Cuatro murcianos cuyos proyectos de vida quedaron truncados por un golpe de estado que, una vez fracasado, se convirtió en Guerra.

Ricardo Rojas Gil nació en Blanca en 1907, donde vivió hasta la edad de trabajar. Como tantos jóvenes murcianos, emigró a Barcelona buscando trabajo y estabilidad. Allí trabajó como estibador en el puerto, formó una familia y construyó un futuro a base de esfuerzo. El golpe militar lo arrancó de todo eso. Combatió con el 21 Batallón de Carabineros de Cataluña y, tras la derrota, cruzó la frontera por Port Bou. Lo internaron en Barcarès, Saint-Cyprien y Argelès, donde pasó casi un año sin saber dónde estaba su familia. Después llegó la Organización Todt, los trabajos forzados en la construcción de la base submarina de Saint-Nazaire y la vida en los barracones de Montoir-de-Bretagne, rodeado de alambradas y vigilancia alemana.

Allí, en ese mundo de cemento, humedad y miedo, Ricardo se convirtió en resistente. Saboteó herramientas, distribuyó prensa clandestina, enseñó a jóvenes franceses a manejar explosivos y participó en la reconstrucción clandestina del Partido Comunista en la región del Loira Inferior. La policía francesa, la Gestapo y la policía franquista lo persiguieron con insistencia. Fue detenido en la gran redada de 1942, encarcelado en La Santé, luego en Tourelles y finalmente en Rouillé. La noche del 10 al 11 de junio de 1944, la Resistencia liberó el campo y Ricardo se unió al maquis de Saint-Sauvant. Murió ejecutado por los nazis el 27 de junio de 1944, junto a otros ocho españoles. Su proyecto de vida —trabajo, familia, futuro en Barcelona— quedó destruido para siempre.

Sebastián Abarca Pérez nació en Jumilla y desde muy joven se implicó en la vida política y social de su pueblo. Se afilió a las Juventudes Comunistas en 1931, fue secretario general de las JSU y miembro del PCE. Participó en el Comité de Incautaciones del Frente Popular, convencido de que la justicia social era una tarea urgente. Tenía un futuro político y social, tenía liderazgo, tenía proyección. El golpe militar truncó esa trayectoria. Fue teniente de la 19ª Brigada Mixta, prisionero en Almansa, fugado a Francia, trabajador forzado en Burdeos, resistente, saboteador, guerrillero, infiltrado en España, detenido y condenado a muerte. La pena fue conmutada por treinta años de prisión. Perdió veinticinco años de vida en cárceles franquistas.

Tras salir de la cárcel, ya en plena Transición, volvió a Murcia y participó en la reconstrucción del PCE regional. Murió en el accidente de Quintanar de la Orden en 1981, junto a su esposa, cuando regresaban de la fiesta del PCE en Madrid. Su proyecto de vida —liderazgo político, compromiso social, futuro en Jumilla— quedó quebrado por el golpe y por la dictadura que lo siguió.

La violencia del golpe no se limitó a los frentes. La represión franquista en Murcia fue especialmente dura. Las cifras hablan por sí solas: más de mil murcianos fueron ejecutados o asesinados por la represión entre 1939 y 1945; más de cinco mil fueron encarcelados por motivos políticos; más de doce mil sufrieron procesos de depuración, sanciones, confiscaciones o expedientes de responsabilidades políticas. En Murcia murieron más personas por la represión franquista que durante la guerra. La violencia se concentró en la cárcel de Murcia, el reformatorio de adultos, el campo de Totana, los batallones de trabajadores, los consejos de guerra sumarísimos y las ejecuciones en las tapias del cementerio. La represión franquista no fue un epílogo: fue una segunda guerra, silenciosa y sistemática, contra una población que ya estaba derrotada.

El Tribunal Especial para la Represion de la Masoneria y el Comunismo abrió de oficio miles de procedimientos sumarísimos en los que cualquiera era sospechoso por el mero hecho de existir, culpable por obra de cualquier testimonio aunque no hubiera pruebas que lo abalaran. En esas condiciones, era comprensible que los exiliados españoles refugiados en Francia y otros países no quisieran, ni se les pasaba por la cabeza, regresar, porque nada bueno les esperaba en España.

En ese contexto, las vidas de Luis y José Gómez Castaño, dos hermanos que se parecían como dos gotas de agua en lo físico pero muy diferentes en pensamientos, ideas e intereses, adquieren un significado aún más profundo. Luis nació en Guadalupe, estudió en la Escuela Normal, vivió entre Guadalupe y La Ñora. Trabajó como guarnicionero en la Fábrica de la Pólvora de Javalí Viejo. La Casa del Pueblo marcó su formación y su conciencia social. Tenía un futuro, tenía un oficio, tenía una comunidad. El golpe lo llevó al Instituto de Carabineros, a la Academia de Orihuela y a la 3.ª Brigada Mixta. Tras la derrota, cruzó la frontera, pasó por los campos franceses, cayó en los trabajos forzados y se integró en la Resistencia. Murió ejecutado por los nazis en 1944.

José, su hermano, trabajaba con su padre en la huerta de Guadalupe. Su vida era sencilla: huerta, familia, continuidad, sin otra aspiración que seguir la trayectoria de su padre. El golpe lo arrancó de la tierra y lo llevó al frente. Fue herido en el Ebro y supuestamente desapareció en Teruel en 1938. Su familia tuvo que declararlo desaparecido en 1947. Sin embargo, él trataba de sobrevivir entre el trabajo forzado y los campos de concentración. Dos vidas humildes, dos proyectos sencillos, dos futuros truncados. Y una familia deshecha.

Son cuatro ejemplos. Cuatro personas reales. Cuatro personajes de 40 hombres — 8 caballos. Pero Ricardo, Sebastián, Luis y José representan a miles de murcianos cuyos proyectos de vida quedaron destruidos por un golpe militar que nada tuvo de glorioso. El 17 de julio de 1936 no solo rompió España: rompió Murcia, rompió familias, rompió futuros, rompió vidas. La historia no se escribe solo con fechas, sino con personas que nos hablan de todo lo que se perdió y de lo que nunca debe volver a repetirse. El destrozo fue tal, que ni tan siquiera hoy existe consenso hoy al respecto. La rotura aún existe y, por lo que parece, existirá para siempre.

NOTA: la imagen de Sebastián Abarca ha sido creada con IA a partir de otra imagen de Sebastián tras el franquismo.

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40 hombres - 8 caballos

Una novela de Ginés García Gómez

40 hombrs - 8 caballos. Portada de la novela.40 hombrs - 8 caballos. Portada de la novela.